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El orgullo de ser estudiante de la Universidad Veracruzana

Fuente: AlianzaTEX

Por Raúl Arias Lovillo

“Si tomamos en su conjunto la evolución de un pueblo, cada una de sus generaciones se nos presenta como un momento de su vitalidad, como una pulsación de su potencia histórica. Y cada pulsación tiene una fisonomía peculiar, única; es un latido impermutable en la serie del pulso, como lo es cada nota en el desarrollo de una melodía”.
Con tal imaginación describía el filósofo español José Ortega y Gasset la ilusión que despierta el arribo de las nuevas generaciones a la vida activa.

En la Universidad Veracruzana es también un latido estremecedor. El volcánico acontecer de la llegada de miles de jóvenes a sus aulas nos trae las piedras y la lava de las nuevas esperanzas.

Es el río humano que todo lo sacude y conmueve, y que nos obliga a todos, académicos, funcionarios, los propios estudiantes, a renovarnos, a entender en él las mutaciones del mundo, que no cesa de sorprendernos con sus novedades tecnológicas, culturales y humanas.

Miles de jóvenes, gracias a su talento, esfuerzo, dedicación e inteligencia se ganaron un espacio en esta institución, que será, desde ahora y durante los próximos años, su casa, y por el resto de su vida, su alma mater y su patria educativa.

A todos ustedes dedico mi artículo de este lunes, con ustedes me gustaría compartir estas breves reflexiones cuya intención no es otra que la de invitarlos a pensar acerca del significado de ser universitario.

Se trata de una oportunidad única de acceder a la sociedad del conocimiento, esto es, a través de una universidad pública y autónoma.

Como ustedes saben, la creación de la Universidad no es producto de una imposición o un mandato, ni siquiera representa un interés individual sino que surgió como resultado de un acuerdo de voluntades, de la necesidad colectiva de aprender.

Como centros de generación de saberes, en principio orientados a las disciplinas humanísticas, las universidades han aspirado a mucho más: ser centros donde no sólo se aprende una profesión sino donde se enaltecen los valores humanos y se educa para el bien; donde el progreso humano es el ideal al que todos debemos aspirar, ya sea como individuos, ya como pueblos.

La idea misma de la Universidad se centra en una permanente idea de reinvención. Esta es una cualidad del ser universitario. Ustedes son ahora la generación que representa la posibilidad de un futuro distinto para Veracruz y para México.

Una universidad libre de prejuicios y dogmas
Hoy los recibimos con la mano franca, amigable y alegre que es la de todos los universitarios. Sentimos una inmensa satisfacción que sean, desde ahora y para siempre, integrantes legítimos de nuestra comunidad.

Asimismo, como universitario y como rector de una gran institución como lo es la Universidad Veracruzana, tengo la certeza de que sus expectativas serán consumadas ampliamente; llegan a una universidad que nunca abandona su compromiso con la calidad académica en sus aulas.

Todos los días encontrarán algo nuevo, un conocimiento que no tenían, una reflexión que les despierte el interés por lo sobresaliente, por lo que vale la pena, que les diga que más allá de la basura informativa y cultural que circula en el ambiente, están muchas cosas importantes, muchas más, y que realmente merece la pena saber.

Por ello, quienes formamos parte de la Universidad Veracruzana tenemos muy claro nuestro compromiso institucional, el cual implica esforzarnos en todo momento para que la calidad en todos los procesos académicos sea nuestra seña de identidad.

Y les aseguro lo siguiente: llegan ustedes a una universidad donde se siente y se vive la libertad. Aquí en nuestros campus se respira respeto, alegría, libertad. Nadie impone nada a nadie. Es una universidad libre de prejuicios y dogmas.

Esta casa de estudios está abierta a todas las manifestaciones del pensamiento, a todas las actividades lícitas y socialmente válidas. Lo que no tiene cabida son la mediocridad, el conformismo, la falta de ilusiones por estudiar y ser alguien en la vida. Aquí no se transige con la enseñanza chatarra.

Aquí, además, aprenderán a superarlos y a vencerlos. Aquí aprenderán a ser mejores seres humanos. Ésta, la piedra de toque de nuestra Universidad Veracruzana, desde ahora, su Universidad.

Deseo, sinceramente, verlos protagonistas de su tiempo, actores decisivos de la transformación moral, política y social que requiere el país.

Diez preceptos para ser un excelente universitario
La Universidad Veracruzana cuenta con un decálogo para los estudiantes. No son preceptos jurídicos que obliguen a nadie.

Son un conjunto de principios que se orientan por un imperativo ético al que acudimos por nuestra propia voluntad; esta voluntad es ejercida en la más absoluta libertad, libertad que nos impulsa a cumplir con el compromiso social que tenemos como universitarios y que nos sitúa ante los valores y el orgullo de ser parte de la Universidad Veracruzana.

De ustedes será la decisión de convertir este decálogo en fundamento de su vida universitaria.

Decálogo del Estudiante Universitario

1. La expresión casa de estudios no es una mera fórmula retórica. Asúmanla en su sentido más real y literal posible: asúmanse como verdaderos habitantes de esta casa, de su casa, que lo será para toda su vida: la Universidad Veracruzana.

2. Velen por el respeto a la autonomía universitaria como quien vela por el respeto a su propia libertad.

3. Utilizando los instrumentos que la Universidad les proporciona y exigiéndose a sí mismos, empéñense en que su formación sea de calidad, lo más completa y sólida posible.

4. Busquen que su formación sea lo más amplia y universal posible.

5. Asuman su formación con un espíritu crítico. Sometan su educación y, en general, toda su realidad a la más dura e implacable crítica.

6. Comprométanse a fondo con la sociedad más allá del servicio que le puedan prestar como profesionales.

7. Reconózcanse e identifíquense en el pluralismo y en el multiculturalismo.

8. Respeten a sus compañeros y compañeras, a sus maestros y maestras. Recuerden que la universidad es diversidad, tolerancia, diálogo y conocimiento al servicio de los otros.

9. Leer un libro cada semana tal vez no sea posible, pero nada pierden con intentarlo.

10. Hagan del conjunto de sus actividades cotidianas un cuerpo y un ejemplo de principios éticos exigentes y rigurosos.

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