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Siete alimentos caducados que puedes comer

Siete alimentos caducados que puedes comer

Entre las fechas de caducidad, las de consumo preferente y nuestros prejuicios de sociedad opulenta, muchas veces optamos por desperdiciar comida cuando nos surge la duda. Metemos en el refrigerador incluso lo que no necesita frío y, cuando no cabe todo, ahorramos sitio con ayuda del bote de basura.

De acuerdo con información del portal El Confidencial, no debes poner tu salud como excusa: el motivo por el que tiramos comida suele ser que no planificas lo suficiente las compras y que ahorras demasiado tiempo que deberías emplear en empaquetar bien, congelar o cocinar, en lugar de optar por productos precocinados.

Aquí tienes los alimentos que es más imperdonable tirar, porque duran mucho más de lo que solemos tardar en consumirlos.

Galletas
¿Sabes que esa característica textura gomosa no tiene absolutamente ningún efecto negativo sobre la salud? La sensación de comer una galleta que ha perdido su capacidad de crujir como está mandado es extraña, pero solo porque estamos demasiado acostumbrados a que engañen a nuestro paladar con productos hiperprocesados.

De hecho, si compras galletas con ingredientes caseros en la etiqueta, notarás que, desde el primer momento, no suenan ni se parten de la misma forma espectacular que las más procesadas y azucaradas. La causa es sobre todo la humedad del ambiente que va penetrando en ellas.

Muchos niños las prefieren blandas: no te sientas culpable por dárselas así y, no las tires. Si no te gustan, puedes ponerlas unos minutos en el horno y quedarán como nuevas, incluso un par de meses después de comprarlas.

Miel y mermelada
Llevan azúcar en cantidad y se conservan sin problemas. Si observas que algunas zonas cristalizan no te preocupes: también se pueden comer. Los productos basados en el azúcar duran décadas. Si encuentras el bote tan duro que es impracticable, es muy sencillo solucionarlo: ponlo al baño maría a fuego suave mientras remueves unos minutos, o mételo un ratito en el horno a baja temperatura (que esté tibio).

Ya hemos hablado en alguna ocasión del chocolate: por el mismo motivo, su cantidad de azúcar, puedes consumirlo incluso cuando se pone blanquecino.

Alcohol
Las bebidas alcohólicas destiladas duran mucho tiempo, incluso abiertas. En ocasiones el sabor empeora o se evapora parte del contenido, pero no suele haber problemas para consumirlas incluso fuera de fecha.

 

Para conservar bebidas como el vodka o el whisky a largo plazo, aunque estén abiertas, guárdalas mejor en vertical (para que no estén en contacto con el corcho y no se pierda líquido) y evita el calor y la luz directa. El envase de cada una está diseñado para que duren, así que no las metas en otros recipientes como licoreras.

 

Leche agria
Suena terrorífico si has vivido siempre con neveras modernas y ‘ordeñando’ solo tetrabriks, pero la realidad es que la leche que se cuaja en la nevera no tiene por qué hacerte daño. Si ha estado expuesta a sol o calor, la cosa cambia, porque puede tener bacterias peligrosas.

Desecha las partes espesas y puedes usar el líquido para hacer bollos, tortitas, natillas, pudin… Sabrá como si nada.

Papas fritas
Hace poco explicamos que las papas fritas de bolsa pueden salvarse y volver a la vida con ponerlas medio minuto en el microondas, incluso si se quedaron muchas horas fuera del envase.

Eso por lo que se refiere al sabor. En cuestiones de salud, las papas rancias no pueden hacerte mal, y puede que hasta sean menos peligrosas para los dientes.

Aceite de oliva
El producto estrella de la dieta no es perecedero: no caduca, propiamente dicho, nunca. Lo que sí sucede es que pierde algunas propiedades, por lo que cada empresa imprime la fecha que considera idónea para el fin del consumo preferente.

Tomar aceite de oliva caducado no supone riesgos, pero pruébalo en pequeñas cantidades antes de estropear una ensalada con un sabor distinto al deseado. Si te sabe rico, no tengas ningún problema.

Para conservarlo adecuadamente, las indicaciones son similares a las del alcohol: lugares frescos (con temperatura constante) y oscuros, en cajas a ser posible herméticas. Así, además de no hacerte daño, sabrá y olerá como el primer día.

Quesos duros
Como todos los lácteos (el yogur es otro caso que no suele ser peligroso), dan más miedo de lo que está justificado. El queso manchego (incluso el tierno), el parmesano, el cheddar, emmental, el Gouda, el de tetilla, el de Mahón… duran muchos meses si están cerrados de forma más o menos hermética y en la nevera, incluso un buen tiempo después de pasada la fecha de consumo preferente.

Si aparecen capas de moho, no hay por qué desperdiciar todo el trozo, puedes rasparlas o cortarlas y comerte el resto sin preocuparte. Si se ha quedado muy duro y cuesta quitar la capa, humedécela un poco con aceite de oliva y será más sencillo. Si te gusta el queso y al comprarlos enteros se te enmohecen habitualmente, seguro que te compensa comprar una quesera o una bolsa de congelación. No hace falta que estén en el congelador, pero ese tipo de bolsa será de mucha ayuda para retrasar aún más la pérdida de propiedades.

Sipse.com

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