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¿Somos basura?

Ciudad de México.- Una forma de llamar a los elefantes en Birmania es boe daw gyi o ancianos respetados, lo que demuestra el profundo aprecio que esta cultura tiene por los elefantes. Este concepto choca frontalmente con la imagen que encabeza este artículo en la cual podemos ver la pata de un elefante real convertida en un simple y llano bote de basura. ¿Qué tanto dice este objeto de nosotros como humanos y como civilización? Como agravante a lo anterior es necesario saber las conclusiones que obtuvieron el ecólogo mexicano Rodolfo Dirzo y varios colegas más quienes llegaron a la conclusión de que podrían llegar a extinguirse en poco tiempo hasta un tercio del total de los grandes mamíferos existentes en nuestro planeta.

elefanteAlgunas de las principales razones de esta extinción son la destrucción de sus hábitats, la cacería y el tráfico ilegal de animales que es la tercera actividad ilícita más redituable del mundo. Debido a esto se espera una extinción masiva de vertebrados y plantas en los próximos 20 o 30 años.

Es ampliamente sabido que los elefantes son asesinados principalmente por sus colmillos e información sobre ellos abunda copiosamente en todos lados, pero sólo es información que es urgente traducir al mundo y crear campañas dirigidas a los compradores de marfil para poder conservar a estos majestuosos animales.

Para muestra de lo anterior: los traficantes asesinan un elefante cada 15 minutos con lo cual no quedará ninguno en tan sólo 12 años. Una pregunta obligada sería ¿cuál es la consecuencia de perder un enorme herbívoro como los elefantes? El ecólogo mexicano Rodolfo Dirzo y varios colegas más respondieron a esta pregunta al analizar qué sucedería si perdiéramos alrededor de un centenar de especies de grandes herbívoros.

  • El primer efecto es que con su desaparición arrastrarían consigo a muchos de los grandes carnívoros que se alimentan de ellos.
  • Al dejar de consumir las grandes cantidades de las plantas que acostumbran desequilibrarían los ecosistemas. En particular las plantas perderían a sus dispersores de semillas con lo cual la extensión de las plantas se vería muy limitado y esto las pondría en riesgo de desaparecer y alterar profundamente la estructura de los ecosistemas.
  • La labor que desempeñan estos grandes herbívoros como “jardineros” desaparecería y por lo cual aumentarían las malezas y se concentraría enormemente la biomasa dando como resultado un aumento del riesgo y la intensidad de los incendios forestales.
  • Finalmente, al desaparecer la competencia y los grandes depredadores se provocaría un mayor auge de las poblaciones de pequeños mamíferos, en especial de los roedores como las ratas conocidas por ser portadoras de enfermedades para los seres humanos.

Los objetos dicen mucho de nosotros como humanos y este simple bote de basura a partir de un animal maravilloso como un elefante sintetiza perfectamente la idea de que todo constituye una mercancía en este sistema económico en el cual vivimos.

En el cual campea a sus anchas el utilitarismo y el desprecio sobre la naturaleza. Y en donde, con excepción del dinero, el sentido de lo sagrado se encuentra ausente.

Alternativas ante la destrucción: una de las iniciativas que está discutiéndose actualmente es la posibilidad de teñir los colmillos de los elefantes y rinocerontes, de color rosa, para conservar la vida de estos extraordinarios animales. Ojalá tengan éxito y surjan muchas iniciativas más para que las generaciones venideras sigan maravillándose y beneficiándose con la existencia de estos animales.

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