Un medio para mentes disruptivas

UNAM parte de la biografía de miles de mexicanos

UNAM parte de la biografía de miles de mexicanos

Ciudad Universitaria.- Debemos estar orgullosos de que hace 106 años se cristalizara un proyecto largamente anhelado por alguien como Justo Sierra, expuso Lourdes Chehaibar Náder, del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación.

El 22 de septiembre de 1910, una multitud de personajes de las esferas intelectual y gubernamental de la época se reunieron en el centro de la Ciudad de México para poner en marcha un nuevo proyecto educativo: la Universidad Nacional. El acto, parte de las celebraciones del Centenario de la Independencia, fue el punto alto de un proceso largamente construido por el entonces titular de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes: Justo Sierra.

En su discurso inaugural —considerado una de las piezas de oratoria más completas de nuestra historia—, el maestro planteó su concepción de lo que debería ser este espacio de conocimiento: “Me lo imagino así, un grupo de estudiantes de todas las edades sumadas en una, la de la plena aptitud intelectual, formando una personalidad real a fuerza de solidaridad […] con el propósito de adquirir los medios de nacionalizar la ciencia, de mexicanizar el saber”.

A 106 años de haber hecho realidad el proyecto educativo más importante del país, Lourdes Chehaibar Náder, especialista del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE), trazó una línea histórica de su origen:

Entender a nuestra UNAM requiere remontarnos a diciembre 1867, cuando el presidente Benito Juárez establece la Ley de Instrucción Pública. Es un momento clave porque con esa norma y del brazo de Gabino Barreda —quien sería director de la Escuela Nacional Preparatoria— sienta las bases de lo que es nuestro sistema educativo.

La universidad colonial, recordó la exdirectora del IISUE, había sido suprimida por los liberales y reinstalada por los conservadores a lo largo del siglo XIX, justamente fue un prócer de los conservadores, Maximiliano de Habsburgo, quien la suprime de manera definitiva.

Lo que hace Juárez con la ley de 1897 no es restablecer ni crear una universidad, sino establecer escuelas nacionales, entre las que pueden mencionarse la de Instrucción Secundaria de Personas del Sexo Femenino, la de Estudios Preparatorianos, de Jurisprudencia, Medicina, Cirugía y Farmacia, Normal de Profesores, la de Artes y Oficios y otras más. Ellas serán la base de la Universidad Nacional.

Así arranca esta nueva etapa del sistema referido, en el que la educación pública, gratuita y laica adquiere ciudadanía. Se trata de conceptos consistentes con esta mirada juarista para separar la Iglesia del Estado que nos hará el pueblo que somos y no otro, abundó la investigadora.

Eso no cayó bien a los círculos eclesiásticos, conservadores ni entre quienes pensaban que esta actividad debería estar fuera de las tareas estatales. Juárez estaba convencido de tal medida y eso marca una diferencia en nuestro país, situación que avanza hasta la Secretaría de Instrucción Pública de Justo Sierra y la SEP de Vasconcelos.

 

Sierra aparece en el escenario propugnando por la creación de una nueva universidad para todos. Desde finales de la década de los 70 del siglo XIX, planteó la libertad profesional, de enseñanza y de formación. Para él, este centro del conocimiento debería estar subvencionado por el Estado, pero gozar de apertura académica y ser autónomo en el sentido académico para trabajar con plena libertad y dar cabida a todas las opiniones.

Desde la perspectiva de Chehaibar, en el desarrollo de la Universidad se advierten hitos con todos y cada uno de sus rectores. “Hay quienes hacen marca en la historia; uno de ellos es José Vasconcelos, quien le da a esta casa su escudo y su lema y, quien desde la Secretaría de Educación Pública articula y aclara la vocación de servicio de la Universidad con el extensionismo y la hace un lugar central para nacionalizar la ciencia y mexicanizar el saber, como quería Justo Sierra. Aún más, ésta se enriquece de manera decisiva con la Ley de la Autonomía de 1929, pues ahí se incorpora la función de investigación como tal.

A 106 años de distancia, la pedagoga se dice convencida de que la UNAM es parte de la biografía de cientos de miles de mexicanos que han pasado por sus aulas. “Es parte de la vida de este país y ha sido determinante en la creación de instituciones y de la ciencia, en el desarrollo cultural y hasta en la modificación del entorno urbano: CU es muestra de eso”, comentó.

HAGAMOS EL DEBATE

Top