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Uso terapéutico de la marihuana visto desde la ciencia

Uso terapéutico de la marihuana visto desde la ciencia

Para los otomíes de la Huasteca veracruzana, la marihuana es una deidad que veneran en calidad de “santo” cuyo nombre es Santa Rosa; la consumen ritualmente y también se le ha asociado con otras deidades. Según el Atlas de la Medicina Tradicional Mexicana, la marihuana es una planta medicinal de uso antiguo cuya efectividad en el tratamiento de las reumas se ha corroborado de forma experimental al confirmar sus acciones desinflamantes y analgésicas.

La Cannabis sativa, originaria del Himalaya boreal y occidental, ha tenido un uso milenario, ya sea que se haya empleado con fines religiosos, recreativos, médicos e incluso textiles.

Actualmente su utilización está revestida de estigma, mitos y criminalización al ser la droga más consumida a nivel mundial. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2013 había 180.6 millones de consumidores de cannabis en el mundo.

En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones 2011, la marihuana sigue siendo la droga de mayor consumo, pues representa 80 por ciento del uso ilegal de drogas. La Ciudad de México presenta el nivel de utilización más alto, con 61 por ciento.

En este contexto y en medio del debate sobre su legalización en el país, fue presentada una obra que aborda la epidemiología de su consumo, tipos de usuarios, factores de riesgo, impactos biológicos, sociológicos y sociales de su uso, programas preventivos y, finalmente, su uso medicinal y cualidades terapéuticas desde una mirada científica y rigurosa, según afirmó el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue Wiechers.

 

 

Titulado Marihuana y salud, editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE) y coordinado por el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, reúne a importantes especialistas en el tema quienes realizan una revisión sistemática de la planta, partiendo desde sus propiedades botánicas y farmacológicas hasta sus implicaciones sociales, culturales y legales.

El director del FCE, José Carreño Carlón, aseveró que este libro es un llamado a derribar mitos y a romper, en nuestro país, el muro de la desinformación y del silenciamiento de un tema por muchos años considerado tabú.

“Estamos llenos de mitos y leyendas. El libro no juzga, no prejuzga, el libro informa. No hay conclusiones deliberadamente, las conclusiones las saca cada quien. No traemos una posición a priori sobre qué hacer con la marihuana. Es una pregunta muy compleja, ahí dejamos los hechos, ahí los señalamos, los documentamos. De eso se trata, de informar para que el debate sea un debate informado y con sustento”, expresó Juan Ramón de la Fuente.

Enrique Graue Wiechers, quien presentó la obra explicó que el tallo de la cannabis es el cáñamo y este se empleó como fibras desde antes de nuestra era, dada su resistencia. El cáñamo lo usaban los griegos en la elaboración de hilo, papel, calzado y otros artículos.

“Solo como referencia para algunos legisladores prohibicionistas, habría que recordar que la Constitución original de los Estados Unidos de Norteamérica está escrita en papel de cáñamo. Por supuesto, esto antes de la prohibición de que fuera objeto la marihuana en los años 20 del siglo pasado”, aseveró.

Al desecar las hojas, flores y tallos pequeños de la Cannabis sativa, se obtiene la marihuana; nombre del que se ignora cuándo y por quién fue bautizada así, pero el término es prácticamente universal.

De los cogollos, que son las pequeñas glándulas que tiene la planta, se obtiene una resina que al desecarse y prensarse constituye otro enervante conocido como el hachís. Tallos pequeños, hojas, flores, semillas y cogollos contienen una serie numerosa de sustancias a las que se les llama cannabinoides.

Los cannabinoides son las sustancias psicotrópicas, es decir, actúan sobre el sistema nervioso central, alteran la percepción sensorial del individuo al que se le administran y tienen efecto sobre otros órganos, explicó Graue Wiechers.

Hay muchas de estas sustancias cannabinoides en la Cannabis sativa y en sus variedades. De ellas una ha sido muy bien estudiada, el tetrahidrocannabinol, principal sustancia psicotrópica.

Fue a finales de los años 60 del siglo pasado, dijo, que se descubrió que en nuestro cuerpo existían receptores cannabinoides en un sinnúmero de lugares y que nosotros, como seres humanos, producíamos una serie de sustancias —los endocannabinoides— que actuaban en ellos de forma permanente y que modulaban varias de las funciones vitales, como el estado de alerta, el dolor y la inflamación, entre otros.

Con ese descubrimiento se despertó un interés por estudiar los cannabinoides que contenía la Cannabis sativa. “Y así empezaron a emerger una serie de evidencias científicas irrefutables sobre las bondades terapéuticas que presentaba la planta”.

Pero además, a consideración de Graue Wiechers, el libro Marihuana y salud trasciende el empleo medicinal y plantea evidencia de otra naturaleza. Señala, por ejemplo, que la verdadera adicción a ella es menor de 10 por ciento de los usuarios y que la mayor parte son consumidores eventuales; que no existen evidencias científicas de que su uso sea un paso obligado a adicciones mayores y que su asociación con la depresión, psicosis y esquizofrenia no está lo fehacientemente demostrada en los distintos metaanálisis.

Para el exrector e investigador de la Facultad de Medicina de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente este libro ha salido en un momento oportuno. “Ha sido un instrumento más que ha permitido nutrir el debate que está viviendo la sociedad mexicana; para eso también se hacen los proyectos académicos, para poder incidir en las políticas públicas, no basta la reflexión en el claustro. La tarea de una institución como la UNAM es precisamente que lo que se reflexiona dentro de sus aulas y sea pertinente, pueda expresarse fuera y tenga algún tipo de consecuencia”, consideró.

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